Maria Teresa Miaja de la Peña

Según José Luis Garfer y Concha Fernández, reconocidos especialistas en este género2: Primero fue el acertijo y, cuando éste se arropó con el verso, nació la Teresa Miaja de la adivinanza, una pequeña y valiosa joya poética de nuestra literatura popular.» (Garfér Peña y Fernández 1994, VII) Ambos coinciden en plantear una pregunta ingeniosa, sin embargo el acertijo lo hace en prosa y la adivinanza en verso, y ésta, además, dentro de una estructura más compleja y elaborada, y con parámetros más definidos en su construcción. Entre ellos destaca el uso de un lenguaje simbólico y rimado con el que logra conformar «un rodeo de palabras, una descripción metafórica» (Gárfer y Fernández 1993, 11), en los que se esconde la clave a  esolver.

La adivinanza es entonces una composición lírica breve de tipo popular y tradicional que ha sido definida de múltiples maneras. Para algunos, su esencia está en el hecho de ser un ejercicio intelectual, un juego en el que se reta a un contrario de forma ingeniosa para que resuelva un breve enigma o problema, en el cual puede o no presentarse una clave, a veces verdadera, otras falsa o encubierta.

Al respecto, María Gabriela González considera que la adivinanza: «Es uno de los primeros y más difundidos tipos de pensamiento formulado; es el resultado del proceso primario de asociación mental, de la comparación y la percepción de parecidos y diferencias aunados al humor y al ingenio. La sorpresa al descubrir similitud entre objetos, en los que de ordinario no se esperaría encontrarla, es un elemento básico para su elaboración: sin sorpresa no hay adivinanza». (González Gutiérrez 1999, 21)

La adivinanza. Sentido y pervivencia